Textimonios

Breves impresiones de la novela La torre y el jardín, de Alberto Chimal

El escritor es el vocero de una sociedad muda, es el que habla por los que se callan, es el que grita por los que se esconden, es el que se expone por los cobardes, expone la realidad de su país, de su mundo, diría el maestro y escritor Fernando Soto Aparicio, palabras que cito de un gran ser humano al referirse a la labor de un escritor. Y es que para mí es esa la impresión que tengo de quienes han utilizado la pluma y el papel como herramienta para transmitir una idea, un mensaje o, en este caso, de Alberto Chimal; narrador mexicano al que tuve la oportunidad de conocer a través del video que compartió nuestro amigo, Miguel Ochoa, coordinador de Círculo de Lectura del Centro Cultural Tijuana, donde bien tuvo razón al señalar que los seres humanos debemos de conocernos más a nosotros mismos mediante la lectura.

La torre y el jardín representa un claro ejemplo de lo que se puede encontrar más allá de lo que no ven nuestros ojos, pero sí nuestro corazón. La sensibilidad humana logra descubrir situaciones inimaginables, lo curioso es que no lo sabemos; no obstante, ahí están. Alberto Chimal utiliza varios elementos para demostrar que estamos rodeados por cosas extrañas de las que no nos damos cuenta.

El índice: me parece que aplica una secuencia realizando una combinación de tiempo, modo y lugar en la estructura y distribución del libro. La secuencia del tiempo, en cuanto al reloj 23:59 hasta las 5:15, es como si hiciera referencia a un sueño durante ese lapso de tiempo, o soñando despierto. Dentro de ese sueño o imaginación, su pensamiento se remota por los siguientes años: 1957, 1967, 1972, 1979, 1991, 1992 y 2010.

Realiza una combinación del año y el horario exponiendo varias situaciones a través de títulos como La criatura, La torre, La mitad de la vida, entre otras, pero en cada una de ellas determina “el modo” o la relación de una situación con la realidad, por ejemplo: el uso de la simbología en los animales y la realidad humana vista metafóricamente en cada uno de estos seres vivos, tomando como base o el lugar la torre y el jardín, una especie de analogía en donde se ve envuelto todas y cada una de estas impresionantes situaciones que el propio ser humano crea, pero que al parecer no se da cuenta.

Una idea: encuentro en cada uno de sus capítulos cómo se puede visualizar la verdad, la belleza, el bien y la armonía sin dejar de ver la distracción en nuestras mentes; esa especie de sosiego y ceguera y virtud en el mundo. Un mundo metafóricamente representado por una torre, que para mí representa la personalidad del lugar donde nos encontramos, limitado como la circunferencia de una esfera, pero en cuyo contenido es todo un universo, diverso, infinito: presentado hoy mismo de maneras interminables entre las personas y con los objetos que nos rodean.

Puede llegar a ser tan limitada nuestra imaginación que muchos de nosotros solo nos quedamos con la pura imagen de dicha estructura, sin imaginarnos lo que hay más allá.

El jardín: Es una analogía de la sensibilidad humana y la realidad que nos rodea. Pablo Simonetti, escritor chileno, hace una metáfora sobre el jardín como un lugar simbólico y sagrado donde nos sentimos bien con nosotros mismos y de nuestro sitio en el mundo; sin embargo, si los jardines representan nuestros espacios de placidez también son los de abandono, de ahí la importancia de su cuidado. El jardín representa lo que hacemos con nuestra vida tanto física como metafísicamente, como diría Simonetti. Por lo tanto, el jardín es lo contrario a la torre.

Desde que terminé de leer el libro creció en mí una inquietante y necesaria pregunta: ¿Hay mentes cerradas o lo que está cerrada es nuestra imaginación?

Por: Juan Rojas Rodríguez

Licenciado en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México a través de la Escuela Nacional De Estudios Profesionales Acatlán (1985-1990). Es Abogado Postulante dentro del sector privado. Desde 2016 es integrante del Círculo de Lectura del CECUT.

Alberto Chimal, La torre y el jardín, Editorial Oceano, México 2015.

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