Lumaquela

El poemario de Ana Karina Balderrábano, Memoria de octubre, está integrado por tres secciones: Sirena en fuga, Memoria de Octubre y La tierra es el mar. Hablaré de esta última sección.

     La tierra es el mar está integrada por textos breves a los que llamaré «lumaquelas», (palabra nueva que aprendí al leer uno de sus poemas y que significa piedra o roca sedimentaria calcárea formada por conchas fosilizadas que se pueden encontrar en tierra firme, a kilómetros del mar, una prueba más de que «la tierra es el mar»). Doce textos breves, híbridos entre poema y prosa, el yo lírico sin narrar o una breve narración lírica; poemas en prosa, instantáneas emotivas que lanzan destellos poéticos donde cada metáfora es una concha, y la suma de éstas, una «lumaquela», un texto en prosa de tono poético sin utilizar el formato de la métrica ni la rima, pero con ritmo de mar. 

     Esta forma literaria, el poema en prosa, viene del Siglo XIX, principalmente de Francia, a partir del supuesto inventor del formato, el escritor Alyousius Bertrand y su librito Gaspar de la Noche, en 1842. Después imitarán su formato otros escritores franceses del mismo Siglo XIX como Charles Baudelaire en sus Pequeños poemas en prosa (1869) y posteriormente Mallarmé y Arthur Rimbaud. Durante el pasado Siglo XX se difundirá el poema en prosa por el resto del mundo occidental.

     En el caso de los poemas en prosa de Ana Karina debo decir que, mientras los leía, disfrutaba del canto de la sirena en fuga, ritmo de mar y calor del desierto, arenas desérticas y marinas, cactus y corales parpadeando como vieja película del cine, pequeños paisajes del corazón enamorado con abundantes esdrújulas, ecos musicales del Modernismo rubendariano. Un ejemplo el poema VIII:

En mi mar navegan famélicas pirañas de agua dulce y alevosos cocodrilos de agua salada. Su profundidad me acecha en terribles pesadillas, su vaivén me adormece en las noches de insomnio.

(Pág. 78)

Juguetona con la lengua y el lenguaje, Karina utiliza sus “lumaquelas” como un campo de experimentación verbal, premeditadas aliteraciones fónicas para expresar sus sentires desde el insomne corazón alterado:

Retráctil es el arco iris del iridiscente iris; con alas ambarinas se posa en un jardín que exuda malvas locas y pitahayas 

(Pág. 80)

     O el siguiente:

Arrojo mi saudade debajo del colchón rojo para que no me persiga y siga y diga… la escuálida almohada resiste los andamiajes de nuestro insomne amor. 

(Pág. 73)

     Termino esta breve invitación a la lectura del poemario de Karina con esta “lumaquela”, un testimonio pasional de una sirena en fuga ante un pirata y corsario que parece ajeno y distante al corazón acaracolado repleto de amor:

Recojo tu risa tórrida en un caracol para guardarlo junto al eco demencial del mar. Pirata sabor a sal y barbas plateando destellos plúmbeos; mi deseo se desgrana en tu piel de luna; no conozco la mesura de tus besos ni la mesura de tus manos. Amor de alta mar, amor de amaranto: ámame a mares. 

(Pág. 79)

El róber castillo de playas

mayo del 2018

Pintura de Élida Rodríguez

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