Incertidumbre y miopía en los discursos del futuro del libro

La revista digital Perígrafo en su edición de septiembre pide a sus colaboradores abordar el vínculo que  sostiene el libro con el pasado, presente y futuro y de que hecho así se titula su slogan. Sin manifestarlo implícitamente la convocatoria nos sitúa en un terreno de discusión —que a veces se torna alarmista o en muchos casos abunda el entusiasmo— de las implicaciones o problemáticas que tienen las nuevas tecnologías y el mundo digital sobre los libros, las bibliotecas y las nuevas prácticas de lectura. Bajo este entendido es común que diversas iniciativas que pretendan observar problemáticas actuales den un vistazo al pasado para encontrar cambios, cambios, continuidades o rupturas y así poder emplear acciones para un futuro lejano y corto. Sin embargo, en muchas de estas iniciativas se ausentan del contexto histórico, o algún planteamiento de índole historiográfico y se concentran su análisis a los últimos años o décadas aunque parezca paradójico y se constate la miopía histórica por su pretensión de reflexionar sobre el pasado, presente y futuro.

Un ejemplo de ello es el Seminario sobre la lectura: pasado, presente y futuro que organizó el Centro de Investigaciones Bibliotecológicas de la UNAM en el 2003. Que ante la usencia virtual de ese nexo entre el pasado y el presente, se pone de manifiesto el síntoma de los análisis y el pensamiento a cortoplazo que abunda en el mundo político-institucional y que al menos desde la década de 1980 se le dio el nombre en inglés de short-termismn que los historiadores David Armitage y Jo Guldi ya han tratado. Para estos historiadores el cortoplacismo se refiere a la forma y la miopía histórica con que accionan la política moderna, la sociedad civil, las instituciones y las empresas capitalistas al negar, afrontar o tratar las problemáticas presentes que provienen de la historia de larga o corta duración o de periodos más lejanos.

En este breve artículo se intentará esbozar algunas reflexiones de los discursos sobre el futuro del libro. También se señala como el cortoplacismo ha contribuido a un sinfín de análisis alarmistas de futurólogos y opinólogos sobre la presunta desaparición del libro impreso; un tema que a pesar de la miopía histórica de ciertas iniciativas, es prudente reflexionar entre su pasado, presente y futuro.

La lectura y sus discursos institucionales en el siglo XX

Ahora bien durante el siglo XX se intentaron conformar en el plano institucional diversas iniciativas para la creación, impresión y divulgación de libros. El Manifiesto de la Biblioteca Pública de 1949 y 1972 así como el Año Internacional del Libro de 1972 ponían en la mesa una discusión sobre la llamada socialización de la lectura, la alfabetización, la situación del “Tercer Mundo” y su relación con el acceso a la lectura y los libros. Según estos eventos se decía que: “libros abren caminos hacia la paz, la comunicación entre los estados, la difusión del humanismo, el progreso y la educación moral de los pueblos.”  (UNESCO, 1972.) Producto de este contexto fue publicado en 1968 por la UNESCO un libro del sociólogo Robert Escarpit titulado La revolución del libro que en términos generales vaticinaba con gran entusiasmo los avances en materia de impresión y divulgación del libro, sin embargo habría que mantener cautela ante este entusiasmo institucional que advirtió una “Revolución”. La retórica institucional y modernizadora de estos eventos promovía una romantización de la lectura y los libros, como si estos por sí solos acabarían con la ignorancia y beneficiaria el diálogo entre los Estados. Sin contemplar las comunidades de interpretación y las desigualdades económicas de muchos países.

Ahora bien, algunas preguntas que en el presente se formulan pudieran estar en conflicto con los “nobles anhelos” que persiguen organismos internacionales y los aparatos del Estado de difundir la cultura escrita y se traduce en el siguiente cuestionamiento: ¿cómo lidiar o conciliar los “nobles” anhelos de difundir la información y los libros frente a los intereses de accionistas de empresas capitalistas como Google y su proyecto/biblioteca digital del 2008 que se pretende universal titulada Google Book Search ?

Libro impreso y digital: algunos retos y reflexiones

Ahora bien, sería conveniente señalar que los actuales retos sobre el futuro del libro y las implicaciones de los medios digitales en la práctica de la lectura nos obligan a mirar hacia el pasado para tratar de entender el horizonte que nos determina,  en el presente. La cuestión estriba en pensar al libro y la práctica de la lectura como un ejercicio sometido a un análisis histórico, ubicarlo en las distintas experiencias y las múltiples temporalidades.  ¿cómo influyen o han influido las formas materiales del libro en la manera en cómo se interpreta un texto ya sea digital o impreso desde el inicio de la imprenta hasta la llamada Era de la Información con la llegada del internet? ¿podrán coexistir el libro impreso y digital ante las exigencias de nuevos lectores? Ante la presente preocupación por el futuro del libro se ha llegado a hipótesis alarmistas de tendencias “cortoplacistas” que sólo ven un eterno presente atemporal, procedentes de análisis reducidos a la actualidad y desde un presente que pareciera no tener una historia larga, fuera del tiempo. Como si la lectura y los libros fueran producto de su propio presente, sin más.

Ahora bien, el historiador de la lectura, Roger Chartier ha analizado la circulación de los medios impresos, el estudio de obras literarias populares y filosóficas, su recepción en distintas comunidades de interpretación durante el siglo XVI al XVIII, ubicando rupturas y continuidades de representaciones y prácticas sociales. Como ejemplo; Chartier ha señalado en sus investigaciones que las prácticas de lectura en voz alta comunes en Europa del siglo XVI y XVIII entre familias, clubes de lectura, monasterios o pueblos había tendido a disminuir pero no tanto como desaparecer. En esos siglos se podía leer escuchando y apropiar un texto sin leerlo directamente.

Por otro lado, ante la opinión actual casi apocalíptica y poco favorable sobre el futuro del libro tanto en discursos institucionales y académicos, Roger Chartier nos ubica en un debate sobre la coexistencia entre las formas impresas y digitales de los libros: “¿Habrá coexistencia, competencia o sustitución? Pienso que habrá una coexistencia, no necesariamente pacífica, entre el manuscrito, el libro impreso y la edición electrónica.” (Chartier, 2005) Chartier nos advierte que para pensar en el libro hay que considerar su doble definición: el libro —o para ser más exactos el texto que se transforma en libro impreso o digital— como discurso, es decir, como una forma determinada de un pensamiento, inscrito a elementos estéticos e intelectuales propios, ordenados por el escritor. En otra definición se encuentra la puramente material: el libro con hojas, el, el tipo de material, o las formas tipográficas que determinan las prácticas de lectura. El libro en físico no sería remplazado por el digital, sino que coexistirían dentro del universo de prácticas sobre la lectura, aunque no armoniosamente.

Por su parte el historiador del libro, Robert Darnton esboza una pequeña cronología sobre los cuatro cambios principales en la historia de los libros y en las tecnologías de la información vistas en la larga duración‎4. Aunque nos señala el historiador mantener cautela ante generalizaciones de este tipo de cronologías pues, visto así, pareciera que todo está claro, que la actual Era de la información es hoy y no antes. Darnton prefiere llamar Eras de la Información porque esos cuatro periodos de la historia a su modo vivieron su propia Era de la Información.

Reflexiones finales…

No sólo se debe mantener cautela ante las diversas perspectivas alarmistas u optimistas   que pudiera suscitar el debate sobre el futuro del libro impreso. Ante todo se mantiene una incertidumbre de no saber qué pasará con el libro. Unos sugieren una convivencia entre libro impreso y digital, otros prefieren un análisis más cómodo y alarmar con la desaparición del libro. Debido a la saturación y los rápidos cambios en la forma en cómo nos acercamos a la información no queda otra que reflexionar sobre el lugar actual en que nos encontramos dentro de un proceso más largo de la historia. Que aunque habría que aclarar que la saturación de información tampoco es un fenómeno nuevo.

Quizá un análisis que pretenda tomar conciencia en nuestra posición en el tiempo y los horizontes y experiencias que nos determinan podríamos averiguar al menos de manera artificial la situación actual y que proceso largo estaremos transitando en materia del futuro del libro. Ahora bien, las preguntas podrían cambiar de dirección ¿en lugar de interrogarnos cuál fue el primer libro que se escribió o saber cuál será el último registro del pensamiento humano (Perígrafo, 2017), podríamos pensar cuales fueron los efectos de recepción inmediatos y largos de la elaboración de libros después de la aparición de la imprenta en el siglo XV? O considerar que la actual demanda de libros, líneas editoriales y las bibliotecas digitales como Google Books quizá obedezcan a intereses del mercado capitalista  para mantener un monopolio del libro digital o por otro lado fomentar la venta de literatura de dudosa procedencia o de la invención de escritores del momento como Werevertumorro o Yuya?

Por último, historiadores como Robert Darnton conservan el optimismo al decir que nos encontramos en una época de transición donde coexisten medios de comunicación impresos y digitales, aunque las prácticas de lectura sean distintas. Y advierte que la rápida expansión de “los medios de comunicación electrónicos es tan revolucionaria como lo fue la invención de la imprenta con tipos móviles y nos cuesta asimilarlo tanto como les costó a los lectores del siglo XVI, cuando se vieron confrontados con los primeros textos impresos.” (Darnton, 14, 2010)


Bibliografía

Chartier Roger, Comunidad de lectores en el libro. El orden de los libros, lectores, autores, bibliotecas en Europa entre los siglos XIV y XVIII. España: Gedisa, 1996.

Chartier Roger, ¿La muerte del libro? Orden del discurso y orden de los libros, Revista Co-herencia, n.7, vol. 4, Julio-Diciembre 2007, p. 119.

Darnton Robert. Las razones del libro: futuro, presente y pasado. España: Trama editorial, 2010.

David Armitage y Jo Guldi. Manifiesto por la historia. España: Alianza Editorial, 2016.

Año Internacional del Libro 1972: http://unesdoc.unesco.org/images/0000/000010/001053so.pdf

Por: Jesús Rangel Ontiveros

(Tijuana, 1993)

Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Baja California (UABC). Obtuvo grado de licenciado por su tesis Ideología en los usos de la lectura. Intelectuales, libros y bibliotecas en Tijuana. 1960-1975. 

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