Imperfecta policía artificial

IMPERFECTA POLICÍA ARTIFICIAL

Se supone que el rollo de la censura en la red es perseguir el contenido para adultos, pero no ha ajustado bien su mira disparándole a los desnudos artísticos. No solo está en Facebook o Tumblr, el logaritmo regulador está haciendo sus propias reglas como un pequeño dictador al que le hemos encargado la casa.

Por Mauricio Riveros.

 

Hoy soy un hombre parado en las páginas con olor a años cincuenta de un cuento de ciencia ficción, y no estoy solo. Ya nos habían obligado a tener una noción prematura y agresiva de lo que vendría a ser la policía artificial actuando sobre todo texto o imagen que se digitaliza, esa brigada de la cyber moral nos trajo de regreso un no tan agradable sabor retro que ahora se replica por toda la world wide web.

“Censura” una palabra que aprendí temprano y a la fuerza porque crecí en dictadura, esa fue una caries que sufrió la cultura chilena de los años setenta cuando mostraba su más saludable sonrisa, hacerse adolescente así fue como curtirse en la clandestinidad y en silencio. Como estábamos hambrientos de enterarnos de lo que pasaba tras nuestra cortina de montañas se nos hizo costumbre compartir artículos de música o cine fotocopiados, pasaban por nuestras manos casettes y libros como si se tratara de un peligroso contrabando, todo eso nos provocaba un vértigo torpe como si compartir conocimientos fuera equivalente a fumar escondido a los trece.

Pero le encontramos las grietas a esa inspección de información, leímos lo que no querían que leyéramos, escuchamos a los inofensivos grupos que no dejaban entrar y, en la medida que pudimos, no nos quedamos tan atrás. Tuve la fortuna de ver a David Bowie haciendo de Poncio Pilatos en “La última tentación de Cristo”, película emblema de la censura chilena al cine de entonces, la que se las arregló para entrar al país a comienzos de los 90’s en velocidad ep un VHS tan copiado que ya no resistía una nueva reproducción pero que alguien me prestó con toda voluntad para que no me quedara sin ver esa obra; La censura no tiene amigos, el conocimiento sí.

La condena cultural a Chile estaba dictada desde el salón de la injusticia, el que tenía a los militares con un país armado a su medida; se decía que se escuchaba y qué no, mientras los malos disfrutaban de su burdel televisado con programas estelares avivados por las meretrices que llegaban desde el extranjero a sentarse en sus piernas. Así creció a sus anchas un país dominado por los brutalmente ignorantes, homofóbicos, violentos y con olor a gas lacrimógeno, son esas las raíces de todos los programas de TV que con sus humoristas trasnochados siguen riéndose de los gays y teniendo a las vedettes de mascotas, porque antes que homofóbica la cesura es machista.

Lo de esta atmósfera de ciencia ficción de la que hablé al principio es porque la censura (regulación que se le ocurrió a los romanos hace dos mil años) ya no solo es una mesa de viejos y viejas de moral sin reflejo, la censura es ahora es un mal que tiene una forma matemática, una silueta digital invisible, en la que los que han puesto las fichas y el tablero de nuestro juego han puesto también toda su fe, ahora todo lo dice un logaritmo, una combinación de acciones que decide si determinados pixéles en tonos piel conforman un desnudo, si es así entonces lo va a bloquear activando una alarma que le va a decir a un logaritmo mayor que los humanos nos estamos pasando de la raya.

Se supone que el rollo de la censura en la red es perseguir el contenido para adultos, algo que siempre ha tenido bordes peligrosos, pero no ha logrado ajustar bien su mira disparándole de pasada a los desnudos artísticos. La semana pasada nos enteramos de la desaparición del archivo digital y de la desactivación definitiva de la cuenta del curador e historiador de arte Rubén Córdova, por compartir imágenes de un desnudo artístico (que ni siquiera era de una persona real) que documentó por nueve años. No ha sido la única brutalidad de esta cyber policía; en febrero pasado censuró la imagen de una venus paleolítica (hecha en piedra hace miles de años) y después el cuadro “La libertad guiando el pueblo” por que se veía una teta. El año pasado Facebook ‘castigó’ a la cuenta de la Gaceta chilena de estética Léucade por incluir desnudos femeninos, los mismos que aparecen impresos en sus ediciones de papel. Facebook se está convirtiendo en un viejo grave, pero lo cierto es que nadie nos obliga a estar allí, está reunión en rebaño global ha sido voluntario y hace rato aceptamos sus normas, no importa cuantos copien y peguen el absurdo “no autorizo a Facebook a usar mi información”, siempre ha sido demasiado tarde.

El más reciente quejido eléctrico vino desde Tumblr, una red social que le bajó la cortina a la pornografía justo cuando se había convertido en su contenido capital. La pérdida de Tumblr es importante para una generación de pajerillos que nunca supo lo que era ir a comprar una revista a un kiosko y que el vendedor te viera con cara de guarro, Tumblr fue un anillo al dedo en la era del streaming, nada de discos duros con gigas de pornografía, este era un oasis sirviendo tres equis sin complicaciones, y a propósito de eso (de disfrutar archivos sin bajarlos a tu computadora), así como hay un logaritmo que censura pezones y culos hay otro que está escogiendo la canción que te sugerirá Spotify cuando termines de oír la que tú escogiste. 

Hace unos años leí con espanto de un software llamado IBM Watson que analizaba letras de canciones y hacía un cálculo sobre qué se trataban, ya no había alguien escuchando, sintiendo y comprendiendo, los textos de décadas de composiciones estaban también bajo el ojo perfecto y matemático de Internet. Está sucediendo y nos está afectando.

La relación a la ciencia ficción la hice porque recordé “The pedestrian”, un cuento de Bradbury publicado en 1951 (y proyectado a cien años) donde el protagonista se convertía en un sospechoso para la sociedad porque hacía algo que todos habían dejado de hacer: caminar, dar paseos, mirar la luna y las estrellas mientras todos en sus casas miraban sus gigantescas pantallas de TV.

Las emociones dejadas al libre albedrío de las máquinas es parte de este panorama futurista con sabor a plástico, pero siempre se puede iniciar una pequeña revolución, a dejar el copy and paste desde las salas de redacción, a leer, al informarse y luego opinar, al escuchar de verdad, a dejar que las máquinas nos hagan todo, que nos ayuden está bien, pero no ser amas y señoras en lo que solo nosotros sabemos hacer: sentir, percibir, crear. Yo digo que le demos un bofetón al pequeño tirano logaritmo.

Mauricio Riveros
(Santiago de Chile, 1977) 

Músico y escritor. Durante la década del 2000 fue cantante de la agrupación chilena Truman, también guionista de TV y colaborador de medios escritos. Desde 2012 reside en México desde donde ha proyectado su carrera en solitario dividida entre la música y la literatura. Este año publicó “Los huesos ciertos”, su cuarta entrega literaria que además tomó forma de video poemario. Para marzo próximo se proyecta la edición de su tercer disco de estudio como solista el que lleva por título “Las Distancias”. 

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