Corrido de Guaymas

De Guaymas, Sonora:

Un puerto donde todos son pescadores, los niños viven de jugar en la arena y tenerle miedo al señor del costal.

Mientras unas señoras te quitan lo empachado con masajes y menjurges, otras guisan la caguamanta.

Los señores hablan de camarones o de béisbol y los viejitos de carnavales y de los franceses.

Las vacaciones significan ir en traje de baño a la Serdán, ver una nieve de melón mientras te comes el cielo, sudar más de lo que alguna vez tendrá tu tinaco, cenarse un buen dogo, dormirse en el patio cubiertos con puro amor y poquito jugo de limón pa’ los mosquitos.

Con dos pesos alcanza para comprarte el bazar entero y hasta te sobra para la soda en la disco; bailamos cual venado y cantamos más fuerte que las olas.

Nos montamos en el bocho, saludamos a los dueños de la carretera, los yakis, y manejamos a sentirnos chiquitos al lado de los seris.

Los cerros se tienen que subir apapuchi y al ordeñarlos guardas cada nutriente para el café de mañana.

Las cuadras llevan apellidos y deseo algún día una de ellas lleve los nuestros.

Las penas son sazonadas con chiltepín, se pasan con té de canela y se acompañan con capirotada.

Te entrego mi alma bichicori, haz de ella un coctél, de elote o camarones, disfrútala, disfruta de Guaymas por mí.

Cristina García

Estudiante, poeta en formación, artista y amante eterna del mar.
Ha estudiado danza, teatro, vive de y por el arte en todos sus aspectos. Nacida en Sonora pero criada en Ensenada, busca, además de micrófonos para leer sus servilletas, los detalles de la vida y el condimento indicado para estos.
Escribe por necesidad y necedad, de puertos y amores; cuestiona la tristeza y hace de cada sentimiento suyo en sus textos.
Risas pegajosas y lágrimas preparadas, armazón negro se le resbala por el tabique y los ojos marrones, vivos.

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