ANTIDECÁLOGO DEL ESCRITOR

ANTIDECÁLOGO DEL ESCRITOR

por Jorge Luis Borges

 

En literatura es preciso evitar:

 

  1. Las interpretaciones demasiado inconformistas de obras o de personajes famosos. Por ejemplo, describir la misoginia de Don Juan, etc.
  2. Las parejas de personajes groseramente disímiles o contradictorios, como por ejemplo Don Quijote y Sancho Panza, Sherlock Holmes y Watson.
  3. La costumbre de caracterizar a sus personajes por sus manías, como hace, por ejemplo, Dickens.
  4. En el desarrollo de la trama, el recurso a juegos extravagantes con el tiempo o con el espacio, como hacen Faulkner, Borges y Bioy Casares.
  5. En las poesías, situaciones o personajes con los que pueda identificarse el lector.
  6. Los personajes susceptibles de convertirse en mitos.
  7. Las frases, las escenas intencionalmente ligadas a determinado lugar o a determinada época: o sea, el ambiente local.
  8. La enumeración caótica.
  9. Las metáforas en general, y en particular las metáforas visuales. Más concretamente aún, las metáforas agrícolas, navales o bancarias. Ejemplo absolutamente desaconsejable: Proust.
  10. El antropomorfismo.
  11. La confección de novelas cuya trama argumental recuerde a la de otro libro. Por ejemplo, el Ulises de Joyce y la Odisea de Homero.
  12. Escribir libros que parezcan menús, álbumes, itinerarios o conciertos.
  13. Todo aquello que pueda ser ilustrado. Todo lo que pueda sugerir la idea de ser convertido en una película.
  14. En los ensayos críticos, toda referencia histórica o biográfica. Evitar siempre las alusiones a la personalidad o a la vida privada de los autores estudiados. Sobre todo, evitar el psicoanálisis.
  15. Las escenas domésticas en las novelas policíacas; las escenas dramáticas en los diálogos filosóficos. Y, en fin:
  16. Evitar la vanidad, la modestia, la pederastia, la ausencia de pederastia, el suicidio.

 

Prólogo a un libro de cuentos

(…) Imaginar que en la etimología se cifran ocultas y preciosas verdades es notoriamente un error, ya que las palabras son símbolos casuales e inconstantes, pero no deja de ser significativo que hablemos de contar un cuento de y de contar hasta mil. Todos los idiomas que conozco usan el mismo verbo, o verbos de la misma raíz, para los actos de narrar y de enumerar; esta identidad nos recuerda que ambos procesos ocurren en el tiempo y que sus partes son sucesivas. La literatura de nuestro tiempo suele olvidar ese hecho axiomático. Se da el nombre de cuento a cualquier presentación de estados mentales o de impresiones físicas: deliberadamente se  mezclan, para mayor perplejidad del lector, los datos del presente y la memoria. Asimismo se olvida que la palabra escrita procede de una palabra oral y busca análogos encantos.

(…) Edgar Allan Poe sostenía que todo cuento debe escribirse para el último párrafo o acaso para la última línea; esta exigencia puede ser una exageración, pero es la exageración o simplificación de un hecho indudable. Quiere decir que un prefijado desenlace debe ordenar las vicisitudes de una fábula. Ya que el lector de nuestro tiempo es también un crítico, un hombre que conoce, y prevé, los artificios literarios, el cuento deberá constar de dos argumentos; uno, falso, que vagamente se indica, y otro, el auténtico, que se mantendrá secreto hasta el fin.

Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Jorges Luis Borges nace en Buenos Aires, Argentina el 24 de agosto de 1899 y muere en Ginebra, Suiza en 1986. Una de las mentes más brillantes del siglo XX y uno de los escritores más importantes de la literatura universal.

NOTA: El presente texto fue rescatado del libro Teorías del cuento I: Teorías de los cuentistas, compilado por el Dr. Lauro Zavala, publicado por Difusión Cultural UNAM en 2013. La colección completa fue donada por el compilador y autor de la colección al Grupo Cultural Página en Blanco, por lo que estamos agradecidos y comprometidos a divulgar la teoría del cuento en Perígrafo.

No Comments