Poesía de Alfonso García Cortez

Poesía de Alfonso García Cortez

Alfonso García Cortez

De: Llanterío, 2001

Días de calor

1.

Coincido amargamente:

llego a mi piel más tarde que yo mismo.

 

A mí es a quien alcanzo y reconozco

en determinadas caras extranjeras

en insignificantes actos cotidianos

en el desorden de los vinos

           los cafés

que va uno rezagando por ahí

extrañamente inhóspitos

lejanamente familiares

como una foto en sepia.

 

2.

Luego de este refugio

de esta callada tregua pensativa

se extenderán mis brazos al intento

de volar

sobre la empalizada del vecino.

Y el elevado cielo

será inmisericorde cobertura

del sigilo nocturno de los ojos

que aguardan

desde lejos

el momento.

 

3.

Agosto se desploma sobre nuestra cabeza

como la ira de un varón traicionado

de un cómplice vendido.

 

Algunos prefirieron marcharse

con mujer y con hijos

a cuestas.

 

Los demás nos quedamos

entre vapores y charcos de sudor

esperando…

 

4.

Desde temprano

el sol hunde sus dientes en la piel

hace sudar las piedras.

 

De vapores y polvo

la planicie fabrica su paisaje

 

de nuestras caravanas en éxodo

acechadas

se adereza.

Nos madura el calor la calavera.

 

5.

Cuento de nuevo:

¿Cuántos granos de arena tiene esta orilla?

¿Cuántos muertos recuerda esta tierra de nadie?

¿Cuántos interminables días alcanza este verano?


Camas

Te acercas a tu cama.

Miras cómo la envuelve un aura plácida

un aire terrenal de residencia

desordenada y cálida.

 

Y mientras te aproximas

acaso te preguntas

si en todo ese universo de soles y galaxias

existirá una cama parecida.

 

Sobre esta superficie de memoria blanda

los cuerpos de tus padres fuéronse aproximando

para formar tu causa.

 

Fue aquí donde el abuelo se aproximó a la muerte

mientras dormía la siesta.

 

Aquí mismo te acuestas cada noche

y sueñas.

 

La contemplas.

 

En verdad compadeces a los que hubieron de irse

y abandonar su cama

rotos de miedo y de violencia.

 

A quienes hubieron de arrastrarse

por una interminable sucesión de camas

muy amargas.

 

Los comprendes

o al menos quieres creer que los comprendes:

muchas veces brincaste tú también a la cuerda

y hubiste de abandonar tu cama

roto de incertidumbre y pena.

Y en busca de ti mismo

recorriste

paciente

muchedumbre de camas.

 

Pero ahora

te acercas a tu cama.

Su palma reconoce tu figura.

Te abraza.

 

Se acuestan a tu lado los fantasmas.


De: En el impuro tacto que motivas, 2016

Los adioses

Otros darán las gracias estrechando tu mano

olvidarán el timbre de tu voz y tus palabras

el color de tu pelo

la límpida blancura de tu risa.

Otros, pero no yo

—revelación tardía,

despedida profunda—,

que abordo mi aeroplano después del firme abrazo

la frase en el oído

el calor que te indaga.

 

Otros olvidarán tu nombre —si lo saben—

la hondura de tus ojos

la geografía nerviosa de tus brazos.

Otros, pero no yo, que te recuerdo

en el impuro tacto que motivas.


Canadian mist

El invierno desliza sus escamas.

Despierta la memoria de una tarde

a orillas de una calle

en una gran ciudad desconocida

el abrigo estropeado

el cigarro oloroso a extranjería

y los ojos abiertos con el asombro ingenuo

del que nunca miró antes la nieve

danzar sus copos blancos y ligeros

o escuchó su silencio de pluma

solo

bajo la nieve espesa como la inquisitiva

mirada de los civilizados ciudadanos

que se preguntarán si habré venido

a robarles mordiscos de su paraíso.

Alfonso García Cortez

Comunicólogo por la Universidad Iberoamericana. Actualmente es docente en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales en UABC.

En 1983 y 1988 obtuvo dos premios municipales en poesía. Sus poemas han sido publicados en distintas revistas literarias. Ha publicado los poemarios Recuento de viaje (1991), Elegías postergadas (1994), Llanterío (2001), y En el imperio tacto que motivas (2016)

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