Mee y las sombras

Al dejar el mundo exterior y refugiarme en la subrealidad, descubrí lo maravilloso que puede llegar a ser y lo extenso que es el interior de las cosas, entonces me di cuenta que mi mundo era infinito, pues ¿quién podría frenar el corazón de una dama apasionada? No existe tal poder lo sé, lo sé. Olvidas el dolor así como el dolor te olvida a ti.

Los primeros días lleve una maleta donde había guardado muchos objetos importantes de mi vida anterior; los sueños rotos son incomodos de llevar, ¡los recuerdos dulces que pasé a su lado fueron todo un lío a la hora de querer sacarlos! ¿Qué otros objetos tenía? Lágrimas, su sonrisa cálida… ¡oh! Recuerdo que casi me da un infarto al ver mi corazón roto pero luego recordé que ya estaba así desde antes, ¡ja, ja, ja! qué vida. Lamentablemente en ocasiones cometemos el error de traernos un poco del sufrimiento, pues a veces llegamos a amar aquello que nos mata.

Después de nombrar a aquella blanca oscuridad como La Subrealidad me dediqué a viajar por mi hermoso mundo de fantasía, donde sonreía de verdad. Me encontré con muchas personas que se convirtieron en mis más grandes amigos como Elit, Bill, el Conejo Blanco, el señor Gaviota, el señor Lago con tendencia a tomar el sol… son muchos y a todos los amo por igual. Todos somos felices pero el dolor aún estaba presente. Quería saber el motivo, la fuente del dolor. Fui con el señor oráculo: el hombre más sabio que conocía. Vivía a tres nubes grises del ocaso. Entre la luna y el sol, entre la vida y la muerte, entre el bien y el mal. Su casa estaba hecha de una nube dura y con olor a especias dulces, alrededor de un fondeado azul crepuscular. Un hermoso lugar para ver las estrellas, las lunas y por supuesto; a la subrealidad.

El oráculo salió de su hogar al verme, sus barbas cabello y bigote grises flotaban a la par de su pijama de rayas azules, su nariz roja resaltaba en su pálido rostro, sus mejillas rosadas competían por llamar la atención. Dijo mi nombre alegremente para luego preguntar si tenía hipo de nuevo. Me acerqué y tomé sus manos con gran alegría mientras negaba y le decía que esta vez era una inquietud muy grande. Le conté del dolor que aún sentía para mi pesar. Él no se sorprendió.

—Observo tu mundo todos los días. Aún tienes tus penas contigo. Eso te hiere y te atormenta. —me dijo.

—Pero ¿Cómo es posible?

—Tu maleta, pequeña Mee, debiste desacerté de ella—Su tono no era hostil, estaba siendo comprensivo y en parte se sentía dolor en su voz—. Ahora son parte de ti, observa.

El Oráculo me invito a ver a La Subrealidad en su máximo esplendor, era verdad; Todos mis objetos se habían esparcido y ahora eran parte de La Subrealidad. En un lugar siempre llovía: era la comarca de las lágrimas; En otro lugar, un matiz amarillo y triste dominaba sobre sombras muy oscuras; era El Valle de los sueños rotos; otra región tenía los colores muy saturados; villa recuerdos. En medio de todo eso había un bosque donde los arboles sonreían constantemente pero al final de todo, en la orilla del infinito emanaba un aura oscura con tintes rojos.

— ¿Lo ves? Allá, pequeña Mee, es donde los fragmentos de tu corazón germinaron la tierra y brotó un lugar hecho de sombras.

—No tengo remedio…

—Tienes que alumbrar las sombras, pequeña Mee. Sé cómo.

El Oráculo sacó de su barba una varita de metal, en la punta danzaba una tenue luz blanca.

—Tendrás que usar tus recuerdos más felices para lidiar con tu oscuridad, pequeña Mee…

Tomé aquel curioso objeto de metal que venía acompañado de un ligero calor agradable, parecido a esa sensación tibia que provoca la risa. No pude evitar sonreír.

—Ve Mee, salva tu mundo.

Besó mi frente y lanzó un conjuro que me envolvió y me ayudó a regresar a mi hogar.

Tan solo llegar a La Subrealidad, comencé mi viaje hacia esa oscuridad que me había mostrado el señor Oráculo, caminé por mucho tiempo, demasiado en verdad, pero parecía que nunca llegaría. Pasé por un desierto tibio, un valle de estatuas de sal, el final de un arcoíris (¿o su origen?). Las nubes desgarradas volaban heridas hacia el alba. El sol no descendía, permanecía estático. Exploraba más allá de las zonas desconocidas de La Subrealidad. Me encontré con un lago gigante, afortunadamente había una balsa para cruzarlo, pues rodearlo hubiese sido peor. El silencio de aquel lugar me hizo pensar en una única palabra: soledad.

Tomé una siesta y al despertar una neblina me rodeaba (creo que no fue lo más listo que he hecho). ¿Estaré perdida? ¡Jamás! No puedo perderme en mi hogar… ¿o sí?

Las dudas desaparecieron cuando pude ver un muelle a la distancia. El paisaje era tan gris que era como si estuviera atrapada en un paisaje pintado a carboncillo. Este no era el lugar pero sentía que estaba cerca. Caminé por una ciudad abandonada, solo existían las tonalidades grises en ese lugar y la soledad. En el fondo, un bosque denso lleno de sombras más intensas sobresalía en el lugar. Cuando estuve lo suficientemente cerca me percaté que alguien había puesto un letrero que rezaba “no entrar, seres oscuros y feos abundan en el bosque” me puse triste. Con cada paso que daba, la luz perdía protagonismo a tal grado que tuve que sacar la varita de la felicidad: “un beso en la mejilla” fue suficiente para iluminar a mí alrededor, la luz era blanca e intensa, así como cálida al tacto. Noté que había luces muy tenues color carmesí por los árboles y los arbustos. Por alguna razón me sentía segura ¿serán ojos? ¿Ojos de criaturas horribles que desean devorarme? No, no lo creo o eso quiero creer.

No tardé en encontrar un fragmento de mi corazón, había crecido en forma de un árbol escarlata que lloraba sangre. Use “amistad” y “chistes blancos” con el fragmento. El árbol involucionó hasta quedar reducido en lo que fue antes, un fragmento de corazón. El segundo pedazo (el más pequeño de todos) se había convertido en una flor carnívora gigante bastante hostil, me percaté de que tenía una gran herida en el tallo. Tuve miedo de acercarme pues, amenazaba con morderme, gruñía y gruñía pero utilicé “abrazos de cumpleaños” para curarla. Poco a poco se transformó en aquel trozo de corazón.

Caminé por mucho tiempo, bastante en verdad, estuve a punto de caer por un abismo que era bastante oscuro, le observe sabiendo que algo me miraba de vuelta. Sin parpadear, sin respirar. Unos ojos amarillos ámbar sobresalieron entre la infinita oscuridad y supe que había llegado con el pedazo de corazón más grande. Desenvaine la varita y utilicé “sueños de primavera” junto con “la inocencia del primer amor” pero la criatura no se asustó, al contrario, ascendió lentamente, como si buscara la luz. El último pedazo de mi corazón era incorpóreo. Me rodeó y me analizó, así mismo hizo con la luz. Se la ofrecí y entonces comenzó a llorar agradecido. Estaba muriendo al igual que su dolor, era feliz, y me di cuenta que a veces nuestros monstruos internos nos comprenden mejor que muchas personas y estos “monstruos” solo buscan ser aceptadas y anhelan el amor que nunca les dieron. Antes de transformarse en el último fragmento, cuando estaba en mi mano, me susurró:

—Solo importa una letra, Mee. Lo sabes: el señor Zafiro fue por amor, la señora Ulla le ayudó, el señor Letrero, se lo comunicó, el señor Oz lo sentencio, la señora Siesta lo imaginó, el señor Idea le dio un abrazo pues eran amigos, la señora Escoba le regañó, el señor Nariz lo sospechó, el señor Tomate le ignoró y por último la señora Oz le perdonó.

La repentina luz solar segó momentáneamente mis ojos después de la penumbra del bosque y desperté en mi blanca oscuridad, mi mundo de fantasía, mi hogar; la subrealidad. Ahora recordaba a Zu.

Las nubes de tonalidades violetas desfilaban por el cielo mientras el sol creaba veladuras de un tono naranja. El puerto del señor Gaviota era aún más hermoso durante el crepúsculo.

— ¿Quién es Zu? —preguntó el señor Gaviota.

—Ella era mi mejor amiga, me rompió el corazón, pero aun así me siento mal pues la abandoné en el mundo exterior.

—Lo importante es que te perdones a ti misma.

—lo sé, lo sé…

Por: Pedro Samuel

Tijuana (1993)
Estudia Artes Plásticas en la Universidad Autónoma de Baja California.
Fanático de las novelas de fantasía, ciencia ficción y misterio policíaco.

1 Comment

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    Katya 28 octubre, 2017 (6:21 am)

    El cuento es sublime; como sumergirse serenamente en un hermoso lago de aguas cristalinas, con aroma a flores. Una sensación de calidez constante, al mismo tiempo crudo.