El último libro

Hemos vagado por el mundo desde que caímos aquí, como extraños entre extraños. No recordamos ya quién fue el primer hombre (la memoria se desvaneció en la novena generación) pero intuimos, sospechamos y tememos saber quién será el último. No podemos mirar hacia atrás. Cualquiera de nosotros puede serlo. Como buenos viajantes de comercio hemos recorrido todas las estepas y todas las colinas. Hemos ido de puerta en puerta. Hemos visto todos los rostros y olvidado todos nuestros rastros. Alguna vez, hace muchos años (algunos dirían hace muchos siglos o hace cinco minutos), salimos de casa y no pudimos recordar el camino de regreso. Incluso la palabra “casa” se extinguió con el pasar de las horas. Fuimos olvidando todo cuando dejamos de escribir. Sólo la música ha sobrevivido. Una música atonal.

Llevo la maleta más pesada aunque no parezca: en ella van las memorias de nuestra especie: un disco, una película, una novela y dos poemas. En esos dos poemas están condensadas las primeras y las últimas palabras que resumen y tergiversan nuestro paso fugaz por esta tierra. Hoy en la mañana leí por última vez el primer poema y logré aprenderme sólo una parte. En cuanto a la película y el disco, hace rato no tenemos dónde verla ni escucharlo. Pero yo las cargo porque me dan fe. Yo soy el único que guarda estas cosas inútiles en su maleta. Los demás, los que se han atrevido a guardar algo hasta el final, han preferido conservar cosas útiles: herramientas, ropa, enlatados, planos, relojes, espejos y una que otra brújula.

Cuando todos se hayan ido, ¿qué seré? ¿Seré realmente el último hombre? ¿Y qué seré después de ser el último hombre? ¿la Nada? ¿el espectro del último hombre/la última mujer sobrevivirá en las penumbras…? ¿dónde fue a parar Dios? ¿dónde están los dioses en esta última parte de la historia? Después de muertos, después de que los matamos, ¿a dónde se fueron? ¿Quedará alguien después de mí? ¿Habrá alguien más que viaje en ese ascensor? ¿será un mensajero de los dioses o de los hombres? (¿o de los dos?) ¿irá hacia ellos o hacia nosotros? La última vez que se utilice ese ascensor, ¿subirá o bajará? ¿Quién contará esta historia? Tantas preguntas sin respuestas. Ya al borde del precipicio, entre la niebla y el smog brillante, veo unas extrañas figuras aladas que se alejan. Antes de lanzarme al vacío final, saco de mi maleta un fragmento de la novela (la primera y última novela que se escribió) que guardo y lo leo en voz alta, aunque ya nadie me escuche y yo mismo no la entienda del todo: “Estos no merecen ser quemados, como los demás, porque no hacen ni harán el daño que los de caballerías han hecho, que son libros de entretenimiento sin perjuicio de tercero” (El Quijote).

Por: Aquiles Cuervo

Escritor de “atmósferas”, dedicado a explorar “los males del montano y de Desmond”
en muchas de sus variantes. Sus obsesiones son el absurdo, el minimalismo y la espera.
Su primer libro de cuentos , “Litchis de Madagascar” se publicó en enero de 2011 en la Editorial El Fin
de la Noche en Argentina. Su segundo libro de cuentos, “Y la jaula se ha vuelto pájaro”
se publicó en noviembre de 2014 en Bogotá en la editorial Orbis. Pronto publicará su tercer libro de cuentos.

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